Eso de sólo encontrar luz en tus ojos, la certeza de saber que no hay nadie como tu en este mundo...
Y es que cuando lo vi por primera vez nunca imaginé que me robaría el corazón, ese músculo torpe al que le cuesta tanto acelerarse, ese que tenía encerrado, el que temía volar. Y abrir la puerta es tan difícil si no sabes confiar, primero hay que aprender eso, luego se comienza a querer... o quizá sea al revés, ya no lo sé...
Cuesta creer que vas a estar aquí, que vas a entender que hay cosas que me cuesta decir, que me darás el tiempo necesario, cuesta comprender que no eres igual, que al fin eres real...
Comenzar a ver y comprender el mundo con otros ojos, darte cuenta de que aunque pasen mil años nunca encontrarás a alguien semejante, que aunque te duela mucho, nunca, jamás volverás a querer de esa forma...








